emilio el borreguero

Foto: A Roger Davies

Foto: A Roger Davies

Allá por la mitad del siglo pasado, Emilio el Borreguero compraba corderos y ovejas en los pueblos del sur de León, y los vendía en el mercado de Benavente. Lo suyo era la especialización: nada de vacas, ni de cerdos. Conocía muy bien los ovinos, sabía elegir lo mejor, y los clientes lo valoraban y pagaban por ello. Puro valor añadido. Cuando una oveja enfermaba, ese mes tocaba comer carne en casa. Pura gestión de riesgos. Emilio el Borreguero no había estudiado, ni tenía un coacher, ni sabía de contabilidad. Pero sabía que el valor de su trabajo, sus capacidades de negociación para la compra y la venta, la confianza que transmitía y su especialización tenían un precio. Ese precio añadido al coste de cada ejemplar era su valor añadido. Sigue leyendo